La han matado en nombre de la especulación, pero Maricarmen y su inspiración viven por siempre

Maricarmen fue desahuciada a sus 87 años de la casa donde había vivido los últimos 70 años e ingresada por la violencia extrema vivida, tras dos semanas en el hospital, ayer nos dejó. Su lucha se ha convertido en símbolo y en el catalizador de las movilizaciones por todo el Estado que no cesan ni cesarán.

Ayer vimos con tristeza el final de la vida de Maricarmen. Murió asesinada por la avaricia rentista, avalada por la complicidad política de la derecha y la extrema derecha española, en una señal de lo que nos espera si siguen avanzando. Hay que recordar que el tripartito del rentismo: PP, Vox y Junts, tumbó ya a principios de este año y en dos ocasiones, el decreto antidesahucios que hubiera impedido el salvaje desahucio de Maricarmen y otros miles más.

Pese a su impacto social, no ha sido Maricarmen la única ni la primera víctima de la especulación. En las últimas tres semanas también hemos sido testigos del asesinato de Olga y Javier, en Hospitalet de Llobregat, y si miramos atrás, recordemos a la pareja de ancianos que apareció muerta en Mallorca con una nota de suicidio en la que aclaraban que lo hacían porque iban a ser desahuciados en 2013. Desde entonces, han sido más de mil las muertes en nombre del poder económico del ladrillo.

Maricarmen, con su lucha y su enorme dignidad mantenidas hasta el final, ha desatado la rabia hasta ahora contenida de casi toda la sociedad, con la excepción de los rentistas, buitres, banqueros, especuladores, PP, Vox y Junts. ¡Malditos sean todos ellos! Y malditos los que quieran seguir chupándonos la sangre y engordar a costa de nuestras vidas, ni económicamente, ni utilizando la vivienda para estrategias partidistas, ni para aumentar bien su poder.

A la clase trabajadora jamás nos han otorgado un derecho que no hayamos conquistado a base de movilización y lucha. Ahora no es distinto, y por eso el 11 de noviembre vamos todas a la huelga general por el derecho a la vivienda, dejando un mensaje claro: que los asesinos tienen rostro y nombre propio; y que la memoria de Maricarmen, Olga, Javier y todas las demás, nos acompaña y dará fuerzas en cada desahucio, en cada movilización y en cada acto, por unas condiciones de vida dignas.

Seguiremos luchando hasta que no haya más muertes producidas por un sistema de violencia institucional extrema, que niega el derecho a la vivienda y lo subordina a la avaricia de bancos, fondos de inversión, rentistas y grandes tenedores. Insaciable va hasta el final, arruinando la vida y la salud de personas y familias. Una avaricia solo se puede ejercer avalada por la complicidad de la mayor parte de los aparatos del Estado.

Políticamente no se ha querido resolver el problema desde hace años (recuérdese que más de 100 organizaciones presentamos al PSOE una propuesta de Ley: «Por una ley que garantice el derecho a la vivienda», que daba muchas respuestas a los más de un millón de desahucios, a la vergüenza del rescate no devuelto de la banca, a las viviendas vacías, a los precios impagables de alquileres, a la venta de nuestro parque residencial al capital financiarizado, etc… ).  En su lugar, se aprobó una ley que no ha resuelto ninguno de los problemas fundamentales, y mucho menos el de la emergencia habitacional.

Pero la responsabilidad es del conjunto del Estado: el aparato jurídico de este país está viendo que la aplicación mecanicista de las leyes choca todos los días con la justicia, los derechos humanos y la Constitución, y sin piedad día a día sentencian y resuelven siempre a favor de los mismos; los medios de comunicación también están en manos de este capital y, sin escrúpulos, han impuesto durante años el relato de la ocupación para tapar la brutal agresión de la banca española y de los fondos vampíricos. Sin duda, el aparato represivo golpea a troche y moche a quien se oponga «a las decisiones judiciales»…, y ahí estamos, años con la Ley mordaza.

Tampoco se ha querido resolver recientemente −cuando la ambición está acabando con el mismo sistema de convivencia democrático al continuar desahuciando a personas− imponer unos precios a los alquileres que excluyen de un techo a amplias capas de la clase trabajadora, y vender nuestro parque residencial a fondos vampíricos en un bestial proceso de turistificación que expulsa vecinas y arruina la vida, el comercio, nuestra cultura y lengua, en un nuevo proceso de colonización. 

No descansaremos hasta que, más allá de avanzar a corto plazo con las medidas que se han propuesto, se genere una nueva corriente de lucha en la que se establezcan todas las garantías reales del derecho a la vivienda para todo el mundo.

Sabemos que un pueblo organizado mueve montañas. Hagámoslo, y que tantas muertes no sean en vano.

Súmate a las movilizaciones por Maricarmen, Olga y todas las víctimas de este sistema corrupto:

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