A dios rogando y con la Biblia desahuciando

El Papa León XIV visita España. Se habla de fe, de caridad, de justicia social. Pero hay una pregunta que nadie en los actos oficiales quiere hacerse en voz alta: ¿qué hace la Iglesia Católica con su poder inmobiliario?

La respuesta no está en los sermones. Está en los registros de la propiedad.

Durante décadas, la Iglesia disfrutó de un privilegio que ningún ciudadano tenía: inmatricular bienes inmuebles —inscribirlos a su nombre— sin necesidad de presentar un título de propiedad. Bastaba una certificación eclesiástica. Una firma, un sello, un inmueble.

34.961

Bienes inmatriculados entre 1998 y 2015

20.014

Templos y dependencias religiosas

14.947

Viviendas, terrenos, locales, fincas y otras propiedades

+100.000

Bienes totales registrados, según la Coordinadora Recuperando

En 2015, el privilegio se eliminó. Pero eliminar el privilegio no significa reparar el daño. Decenas de miles de bienes inscritos sin título suficiente siguen en manos de la Iglesia. Todavía falta transparencia, revisión real y mecanismos para recuperar lo que pueda ser público, comunal o inscrito de forma ilegítima.

“Templos, viviendas, locales, fincas, viñedos, plazas y patrimonio cultural: la Iglesia no solo predica, también acumula como un gigante inmobiliario.”

En Cataluña, el debate sigue abierto. La Iglesia catalana y la Generalitat han firmado convenios para ceder inmuebles eclesiásticos a vivienda social, pero la Iglesia mantiene la titularidad. Lo que hay que preguntarse es si estamos ante una cesión social real o ante un lavado de imagen patrimonial.

Porque en zonas tensionadas como Barcelona, la vivienda no puede depender de la buena voluntad de quien acumula. Quien tiene patrimonio suficiente para influir en el mercado también tiene responsabilidad directa en la crisis habitacional.

El problema no es cuántas propiedades tiene la Iglesia, es qué hace con ellas

Mientras algunas propiedades se ceden para vivienda social, en otros casos aparecen ventas a fondos de inversión, operaciones patrimoniales opacas, no renovaciones de contratos y expulsión de inquilinas históricas. Cuando el casero lleva sotana, el desahucio sigue siendo desahucio.

El El Sindicato de Inquilinas ha entregado una carta al Papa León XIV denunciando desahucios practicados por entidades vinculadas a la Iglesia. Su mensaje fue directo: la especulación se basa en la avaricia. Y la avaricia también es pecado.

  • No se puede hablar de los pobres y actuar como gran tenedor.
  • No se puede bendecir hogares mientras se niega un alquiler social.
  • La verdadera iglesia no acumula patrimonio. Abre puertas, no cambia cerraduras.
  • No se puede predicar caridad y practicar expulsiones

La PAH llevamos 17 años haciendo milagros reales: parar desahucios, señalar abusos, recuperar vivienda para alquiler social y defender lo más básico, lo más humano, lo más sagrado: un techo sobre la cabeza.

La vivienda no se reza. Se defiende.

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